Por Qué Estudiar la Gracia es Importante

por: Roger Smalling, D.Min

 ¿En alguna ocasión le ha parecido muy peculiar la forma indirecta en la que Dios hace sus cosas a veces? Tomemos por ejemplo la definición de la palabra gracia.

Considerando que somos salvos por gracia, nos parece que hubiera sido más práctico que Dios la definiera en el inicio mismo de la Biblia. Dios podría haber inspirado a alguno de sus profetas para que escribiera la definición al estilo de un diccionario, comenzando con algo como gracia se define como...etc. Esto sería ir al grano, tal como al hombre moderno le agrada.

Sin embargo no es eso lo que aparece al principio de las Escrituras. A su vez, se nos presenta una serie de historias sobre gente imperfecta quienes, aunque aparentemente no lo merecían. Dios se agradó de ellos y les otorgó su gracia. Aunque esto nos ayuda en algo para comprender la gracia, el asunto sigue ambiguo.

Profundizando en el análisis, vamos descubriendo enunciados sobre lo que no es la gracia; no es por obras, no se la merece, no proviene del hombre, etc. Y, aunque nuestra investigación sobre lo que significa la gracia ha avanzado, llegar a una definición concluyente parece tan difícil como agarrar neblina.

Luego, notamos que los escritores bíblicos conectan la gracia con ciertas enseñanzas que ellos establecen como importantes. Rápidamente, estas doctrinas llegan a ser las claves que nos van a revelar la definición de la gracia. Pero, al toparnos con la enseñanza bíblica sobre la cruz, es cuando todo el material previo toma sustancia. Nuestra neblina mental se disipa y la razón de por qué Dios define la gracia de maneras indirectas se vuelve evidente.

Dios podría habernos dado una definición corta, pero esta forma de proceder tendría poca profundidad. La ruta más larga resulta ser infinitamente más satisfactoria. Una definición breve nos ahorraría tiempo, pero aparentemente la cantidad de tiempo empleado no es lo prioritario para Dios. Para al Creador es más importante un trabajo bien hecho, especialmente cuando éste tiene que ver con bendecir a su pueblo.

Es tan gloriosa la gracia en las Escrituras, que una definición trivial no será jamás la adecuada. La gracia refleja un elemento esencial del carácter de Dios. Cada miembro de la Trinidad contribuye en su propia manera sobresaliente. Al percibir la cuestión bajo tal perspectiva, resulta asombroso como el Señor se las arregló para definir la gracia en su totalidad, puesto que la definición está involucrada con definirse a sí mismo.

Con todo, una vez que entendemos la gracia, exclamamos, ¡Oh, cuán simple es! Y un instante después decimos, ¡Pero cuán profundo! Tal paradoja no debería sorprendernos. Después de todo, eso es típico del estilo de Dios, ¿no es verdad? ¿O es que acaso esperábamos algo diferente? Esa es una razón por la que creo que las doctrinas de la gracia son bíblicas. En cada una de ellas se encuentran plasmadas las huellas digitales de Dios mismo.

Por lo tanto, el estudio de la gracia resulta ser un viaje con virajes inesperados. Aunque el camino es largo, no es aburrido. Además, su recorrido es verdaderamente emocionante. Uno de estos virajes es que a medida que vamos definiendo la gracia, también nos definimos a nosotros mismos con más claridad... aunque esto no nos agrade. En este viaje hay panoramas gloriosos. Algunos se regocijan ante la autoridad de una voluntad soberana. Otros saborean la seguridad de un pacto eterno. Otros son cautivados con el poder de la cruz. Personalmente, lo que me encanta del viaje es que la ruta dura para siempre.

Disfrute del camino.

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