Justificación por la fe – Parte tres

por: Roger Smalling, D.Min

Extracto de su libro Sí, Jesús

Un ministro, amigo del autor, comenzó un estudio bíblico con estas palabras: “¡No existe nadie en la tierra más justo que yo!” Una mujer en la audiencia exclamó, “¿Cómo puedes decir algo tan lleno de orgullo? Él explicó, “Yo no dije, ‘soy más justo que cualquier otra persona’. Solamente dije que no hay nadie que sea más justo que yo, porque poseo la justicia perfecta de Cristo, imputada como regalo gratuito. Pero esto es cierto de cualquier otro creyente en el mundo, ¡incluyéndote a ti!

Irónicamente, el creyente más débil puede decir lo mismo. Claro que no podría decir lo mismo de su entendimiento, madurez o grado de santificación. La base de la aceptación de Dios a nosotros como sus hijos sigue siendo la misma.

En el cielo, no seremos más justificados de lo que somos ahora. La gloria que experimentaremos puede variar entre creyentes. Pero estará situada sobre el más glorioso e inamovible fundamento que puede existir; la justicia de Cristo mismo.

Todo el Capítulo 4 de Romanos fue escrito para ilustrar cómo la justicia perfecta de Cristo nos es contada a nosotros. Pablo usa a Abraham para esta ilustración. Abraham vivió más de cuatrocientos años antes de la ley de Moisés. No tenía la ley de Dios escrita. Lo único que tenía era la fe. Y Pablo dice: Creyó Abraham a Dios y le fue contado por justicia. Romanos 4:3

Eso no quiere decir que su fe fue contada en lugar de la justicia. Solamente que la fe fue el medio que Dios usó para justificarle. La palabra por usada aquí, es difícil de traducir del griego. Su sentido es en vista de. No significa que Dios aceptó su fe como base de la justicia, sino como medio para recibir la justicia.

¿Para quiénes está reservada la justificación por la fe?

Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó. Romanos 8:30

La justificación por la fe está reservada para los predestinados, a los que Dios escogió para la salvación antes de la fundación del mundo. La glorificación de estos es inevitable.

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