Un acróstico para las doctrinas de la gracia

por: Roger Smalling, D.Min

Hace cuatrocientos años, la Reforma Protestante permitió un nuevo descubrimiento de la Biblia y sus doctrinas revolucionarias. Varias de estas doctrinas entraron en conflicto con las enseñanzas de la época, porque todas llevan a la conclusión de que la salvación es por gracia solamente, sin ninguna contribución humana. Por este motivo, los cristianos actualmente las conocemos como las doctrinas de la gracia.

La controversia sobre las doctrinas de la gracia no ha terminado. Son tan opuestas al orgullo humano que la razón carnal siempre se rebela ante ellas. La naturaleza pecaminosa humana pretende ser dueña de su propio destino, plenamente capaz de contribuir a su propia salvación.

Podemos formar un acróstico con la frase Sí, Jesús, en el que cada letra es la primera de una doctrina de la gracia. Una descripción breve de cada doctrina está a continuación.

El acróstico (SI,JESUS)

Soberanía absoluta divina

La palabra soberanía quiere decir ‘controlar todo’. Esta doctrina significa que Dios controla todo lo que pasa. Indica que toda la realidad es la consecuencia de decretos divinos hechos en la eternidad antes de la creación del mundo.

Incapacidad total humana

La caída de Adán causó la pérdida de todo poder espiritual que podría contribuir a la salvación. El pecado infecta cada parte del ser humano y lo esclaviza. Esta doctrina trata mayormente de la cuestión del libre albedrío. Ella muestra que la voluntad del pecador es incapaz de escoger a Cristo, producir fe salvadora o hacer cosa alguna que lo guíe a la salvación, hasta que la gracia de Dios lo alcance.

Justificación por la fe solamente

Dios requiere que la justicia absoluta de la ley sea cumplida en los cristianos. El no acepta menos que la perfección. ¿Cómo pues, es posible ser justo delante de Dios, sabiendo que no podemos cumplir con la ley? Cristo cumplió la ley como nuestro sustituto. Cuando recibimos a Cristo, Dios nos atribuye a nosotros la justicia perfecta de Cristo y nos quita el pecado. Así, adquirimos una perfección prestada, la cual es la base de nuestra aceptación permanente frente a Dios.

Elección por gracia incondicional

Antes de la fundación del mundo, Dios escogió a quienes serán los recipientes de su maravillosa gracia. Lo hizo sin condiciones previstas en nosotros. Dios no escogió a nadie porque vio de antemano que iba a escoger a Cristo, porque nadie puede escoger a Cristo, estando muerto en pecado. Aunque la elección es sin méritos, no es por eso arbitraria. Esta doctrina expone que la gracia se basa enteramente en la voluntad soberana divina y no constituye respuesta a algo que el hombre piensa o realice.

Sacrificio eficaz de Cristo

El sacrificio de Jesús es la única causa eficaz de la salvación de los elegidos. La crucifixión no sólo proveyó la salvación, sino que también la cumplió.

Aunque el sacrificio de Cristo en la cruz es suficiente para salvar a todos, el Padre lo dispuso solamente para los elegidos. El sacrificio en la cruz, no la voluntad humana, es la causa de la fe, la obediencia, la buena voluntad y la seguridad eterna de los elegidos. Cristo murió, no para dar una mera posibilidad de salvación, sino para garantizar la certeza de ella a todos los elegidos.

Unidad espiritual y universal de los elegidos

La iglesia de Cristo es principalmente un organismo invisible, no una organización visible. Se compone de todos los elegidos de toda la historia.

La unidad que debe existir entre los cristianos es espiritual, no organizacional. Es universal en el sentido de que la espiritualidad del cuerpo de Cristo y de la comunión que los elegidos tienen unos con otros, traspasa todos los límites de las diferentes culturas y edades.

Seguridad de los elegidos

La misma gracia que nos eligió y salvó, también nos preserva hasta el fin. Por medio de exhortaciones, amenazas y reprensiones paternales, Dios preserva a sus elegidos de manera que ninguno de ellos se perderá.

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