Incapacidad total humana – Parte dos

por: Roger Smalling, D.Min

Extracto del libro Sí, Jesús

Importancia de la incapacidad total

El instante en que el cristiano se da cuenta de que su libre albedrío no es la base de su salvación, se aclara la definición correcta de la palabra gracia. Se da cuenta que no se convirtió a sí mismo, y que la salvación no es una obra mutua entre el hombre y Dios. La salvación es del Señor.

Llegar a entender la incapacidad total humana, ayuda para abatir el orgullo en el cristiano. ¿Cómo puede uno estar orgulloso respecto a lo que no pudo hacer? A la vez, le da una nueva seguridad en su relación con Dios. Después de todo, si Dios pudo superar la resistencia de nuestra naturaleza pecaminosa para cambiar nuestros corazones obstinados, seguramente puede preservarnos para su reino eterno, a pesar de la corrupción de nuestra carne.

Bases de la doctrina

El pecado original

Dios creo a Adán con dones maravillosos. Uno de estos fue el poder escoger entre el bien y el mal. A esto llamamos libre albedrío.

Cuando Adán cayó en pecado, todo su ser se hizo esclavo del pecado, incluyendo su voluntad. La Biblia nunca enseña que hubo alguna parte de Adán que escapó del poder del pecado. Afirmar la neutralidad moral de la voluntad humana, es insinuar que ella escapó milagrosamente cuando cayó Adán. ¿Afirma la Biblia esto? Sin lugar a dudas que no.

Los efectos de la caída de Adán en nosotros están expuestos en Romanos 5:12-21. En este texto aprendemos que heredamos de Adán la muerte, la condenación y el juicio divino. Es decir, la culpa del pecado de Adán se atribuye a toda su descendencia.

De esto se desprende una verdad de importancia primordial: El hombre peca porque es pecador, y no pecador porque peca. El hombre está condenado primeramente por lo que es; luego por lo que hace. No existen niños inocentes. Todos nacen condenados y esclavos del pecado.

El corazón gobierna al hombre, no su voluntad

Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida. Proverbios 4:23

 Existe la presuposición de que la voluntad humana es lo que decide las acciones del hombre. Esto no solo contradice las Escrituras, sino que contradice también a la lógica. ¿Cómo podría la voluntad humana ser libre de la naturaleza de la persona en que se encuentra? Uno siempre escoge lo que le agrada. Lo que nos agrada refleja lo que somos en el corazón. Así es el corazón. La naturaleza interior dirige al hombre, no su voluntad.

La voluntad nunca puede ser libre de la naturaleza interna del ser en la que se encuentra.

Un pato, por ejemplo, puesto entre un estanque de agua y un montón de arena siempre escoge el agua. ¿Por que? El pato escoge según sus gustos. Tiene libre albedrío solo dentro de los límites de su naturaleza.

Cristo mismo subrayó este principio al decir a los Fariseos,

¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. Mateo 12:34

La Biblia enseña claramente que el corazón del hombre lo gobierna (Mateo 12:33-37; 15:18-19 y Proverbios 4:23). Si el corazón es dominado por el pecado, entonces también lo es la voluntad.

Una ilustración: El coyote es un animal indomesticable. Por naturaleza siempre quedará silvestre, incluso si es criado por humanos. Sin embargo, supongamos que en el transcurso de una caminata en el bosque, te encuentras con un coyote. Piensas, ¡Qué lindo sería tener un coyote como mascota! Voy a persuadir al coyote para que venga conmigo. Entonces, te acercas al coyote, y dices: “Tendrás, mi querido coyote, buena comida en cantidad. Tendrás protección del tiempo y de los enemigos. Seremos buenos amigos, y nos divertiremos mucho”. Pensando ahora que el coyote ya está persuadido, extiendes tu mano para recogerlo. ¿Qué hará el coyote? Siendo la clase de animal que es, obviamente te morderá.

La pregunta clave es esta: ¿Tiene o no tiene el coyote, libre albedrío?

Esta pregunta es tramposa. No existe respuesta absoluta, porque depende de nuestra perspectiva del libre albedrío. Si definimos a la voluntad del coyote como una capacidad de escoger entre ser silvestre y ser domesticado, entonces no tiene libre albedrío. Si decimos que la voluntad del coyote es la facultad de escoger en base de sus deseos naturales, entonces sí, tiene libre albedrío.

Esta ilustración nos sugiere una definición más realista del libre albedrío y más de acuerdo con los datos bíblicos: El pecador tiene libre albedrío dentro de los límites de su naturaleza. Si su naturaleza es gobernada por el pecado, siempre escogerá el pecado porque el pecado es lo que más le gusta. Para que cambie de mente, es preciso que Dios obre cambios en su naturaleza. Esto estudiaremos posteriormente al tratar el tema del nuevo nacimiento.

¿Muerto o enfermo?          

Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Efesios 2:1-3

 El hombre carnal se percibe como pecador, pero no moralmente muerto. Pero la Biblia dice que estábamos como muertos en delitos y pecados. Sectas que creen en el libre albedrío moral predican a menudo sobre el pecado como si fuera una enfermedad. Usan ilustraciones en sus predicas sacadas de la medicina. Perciben a los pecadores como gravemente enfermos, pero con cierta capacidad de aceptar la medicina del evangelio si quieren. Tal concepto es anti-bíblico. La Biblia presenta al pecador como muerto, no como enfermo; totalmente incapacitado, no con algunos restos de poder para escoger.

¿Son los muertos capaces de resucitarse? La muerte implica la incapacidad total. Pero el orgullo humano no tolera la noticia de esta incapacidad.

Luego, Pablo nos indica que éramos conformistas. Siguiendo la corriente de este mundo. Andábamos bajo la ilusión de que nuestros pensamientos eran realmente nuestros. Nos imaginábamos originales, sin darnos cuenta que éramos productos típicos de una sociedad perversa.

Pablo nos revela también que éramos títeres de un ser maligno....el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia...

Finalmente, Pablo expone que nuestra voluntad no era lo que nos gobernaba, porque ella estaba esclavizada a nuestra carne. ...haciendo la voluntad de la carne.

Otro texto que subraya la incapacidad total humana es Romanos 3:9-18. Según versículo 9, todos están bajo pecado. Es decir, están bajo el control y dominio del pecado. El efecto de este dominio se expresa en la descripción que sigue:

 No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios....No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.

 Si no hay quien entienda, ¿puede llegar el pecador por si solo a entender el evangelio? Si nadie busca a Dios, ¿tiene el pecador poder para hallarlo? Si no hay quien haga lo bueno, ¿por qué suponer que un pecador es capaz de entregarse a Cristo? ¿No es eso lo bueno? Si no hay temor de Dios en ellos, ¿de dónde proviene el deseo para entregarse a él?

Ilustra este estado de ser el erudito C.S. Lewis:

Los agnósticos hablan con agrado acerca de la búsqueda del hombre a Dios. Para mí, mejor que hablen de la búsqueda del ratón al gato...Dios me atrapó a mí[i].

Si existe la menor sospecha de que la naturaleza carnal humana tiene alguna capacidad de someterse a Dios, Romanos 8:7 es suficiente para descartarla:

Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;

Cada parte del ser humano es controlada por el pecado

 El pecador no entiende ni busca a Dios (Romanos 3:11). Su entendimiento está obscurecido (Efesios 4:18), no percibe las cosas espirituales y las considera insensatez (1 Corintios 2:14). Su mente no puede someterse a Dios (Romanos 8:7), es enemigo de Dios (Colosenses 1:21), cegado por Satanás (2 Corintios 4:4). Los pensamientos de su corazón son malos continuamente (Génesis 6:5).

Su voluntad es controlada por Satanás (Efesios 2:3), de manera que no puede arrepentirse sin que Dios le conceda el arrepentimiento (2 Timoteo 2:26). No puede venir a Cristo sin que Dios lo traiga (Juan 6:44,65). Está bajo el dominio de Satanás (Colosenses 1:13).

Alguien preguntó al gran teólogo San Agustín, ¿Crees tú en el libre albedrío? Contestó Agustín, “¡claro que sí! Sin Cristo estamos totalmente libres de toda justicia”.

[i] Citado de C.S. Lewis, en Gathered Golden, John Blanchard, Evangelical Press 1989 pp.74.

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