Justificación por la fe – Parte uno

por: Roger Smalling, D.Min

Extracto de su libro Sí, Jesús

El grito de guerra de la Reforma, justificación por la fe, resonó por toda Europa en el siglo XVI. Miles entregaron sus vidas en lugar de renunciar a esta doctrina. Se desataron guerras en varios países de Europa. ¿Por qué tanta controversia? Porque esta doctrina representaba una denuncia de lo que se enseñaba en aquel entonces sobre la salvación.

A fines del siglo XVI en Alemania, un sacerdote católico llamado Martín Lutero, leyendo la Biblia, se dio cuenta que Romanos 1:17 declara: El justo por la fe vivirá. Dios iluminó su corazón por medio de este texto. Comprendió entonces que los méritos humanos no tenían nada que ver con la salvación.

Pasmado por esta revelación, continuó sus estudios en Romanos y llegó a entender esta importante doctrina de gracia. Con esto comenzó el redescubrimiento de la teología de la Biblia que se conoce hoy en día como la Reforma.

Importancia de la doctrina

¿Para qué sirve entender esta doctrina?

·        Nos libera de temores e inseguridades respecto de nuestra relación con Dios. Cuando vemos que nuestra aceptación con Dios está basada en la justicia de Cristo, no en la nuestra propia, experimentamos un profundo alivio emocional.

·        Nos ayuda en la oración, ya que nos damos cuenta de que las respuestas a nuestras plegarias no dependen de nuestros méritos.

·        Nos ayuda a evitar toda clase de legalismo, al entender que nuestra justicia es un hecho cumplido interiormente y que no consiste en prácticas exteriores.

Definición de la doctrina

La justificación es una declaración legal hecha por Dios, de que una persona es justa respecto a la ley divina, a causa de la justicia perfecta de Cristo, concedida por medio de la fe en Cristo.

Lo que no es la justificación

Un médico dijo que la manera mejor de entender lo que es una buena salud, es estudiar la enfermedad. Igual sucede con esa doctrina. Una buena manera de entender lo que es la justificación es estudiar lo que no es.

La justificación no se refiere al proceso de crecimiento espiritual en la vida cristiana. Esta última se llama santificación. La justificación es cuestión de nuestra aceptación legal por el Padre, frente a la ley divina. Un error común entre los cristianos en el estudio de la justificación, es el imaginar que la justificación quiere decir ser hecho justo. Más bien, significa declarado justo.

Tampoco es una recompensa por nuestra fe. Como ya comprobamos en la sección anterior bajo el nuevo nacimiento, la fe salvadora es una obra de la gracia divina. Aunque Dios requiere la fe como condición de la justificación, no debemos suponer por eso que la justificación es una recompensa por nuestra fe, puesto que es Dios mismo quien nos la da por medio de la regeneración.

Tampoco afirmamos que la fe reemplaza a la ley moral divina. Esta ley, representada por los diez mandamientos, forma parte de un pacto eterno y no puede ser reemplazada. Algunos acusaron a los reformadores de enseñar que si tenemos fe, no tenemos que hacer buenas obras. La realidad del asunto es que las obras de los pecadores no son válidas para su salvación porque provienen de una fuente corrupta. Las obras no son aceptadas si la persona no es aceptada primeramente. Y la persona será aceptada solamente si es justificada por la fe.

La fe no reemplaza a la ley moral, porque los diez mandamientos forman parte de un pacto eterno y siempre están vigentes[i]. La idea básica en la justificación, no es cómo ser salvo sin la ley, sino cómo la justicia perfecta de la ley puede ser atribuida a nuestra cuenta. Según la Biblia, se cumple esto por medio de la fe en Cristo, quien es nuestro sustituto bajo la ley.

Por medio de las siguientes preguntas vamos a llegar a un entendimiento completo de la definición anterior:

¿Exige Dios que la justicia de la ley sea cumplida en los cristianos?

...para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Romanos 8:4

Estas palabras son claras. Dios exige que la justicia de la ley moral sea cumplida en nosotros. Sobre este punto muchos cristianos se equivocan. Leen versículos que afirman que no estamos bajo la ley y que no somos justificados por ella. De esto sacan la conclusión ilógica de que la ley no cuenta para nada, ya que Dios no exige la justicia que ella representa.

Los judíos entendieron bien que la ley representaba la justicia de Dios. Por eso, ellos suponían que la justificación provenía de la obediencia a la ley. Erraban porque nadie podía guardar la ley. El apóstol Pablo nos muestra que la justicia representada por la ley, viene a nosotros por medio de la fe en Jesucristo como un don gratuito de Dios. Pero cuidado. Es también un error suponer por eso que Dios no requiere la justicia de la ley en el creyente.

Nosotros y los judíos estamos de acuerdo sobre este punto esencial; Dios requiere la justicia de la ley. En lo que diferimos de los judíos es en el método de obtener esta justicia. Ellos creen que se obtiene por guardar la ley. Nosotros creemos que se obtiene como un don gratuito de Dios por la fe en Cristo.

Es esencial entender que no se anula la ley en todo sentido. Es abrogada solamente como medio de la justificación. Sigue en vigor en el sentido siguiente:

La ley sirve todavía como definición de ciertas palabras bíblicas, como justicia y pecado. Dice 1Juan 3:4, pues el pecado es infracción de la ley. Lógicamente, la palabra pecado no tendría significado si no fuera por la ley. También Pablo dice en Romanos 5:13, donde no hay ley, no se inculpa de pecado. Y, porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. Romanos 3:20 La ley sirve como norma de la justicia. Sin la ley, no habría pecado y nadie podría ser condenado.

El problema con las exigencias divinas respecto a la ley, es que nadie puede cumplir con ellas. Como dijo Pablo, Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden. (Romanos 8:7) Con esto, llegamos a la segunda pregunta:

Si no podemos cumplir con las exigencias de la ley, ¿cómo es que la justicia de la ley nos llega a ser contada?

Aquí entra uno de los principios bíblicos más importantes: La sustitución de Cristo. Jesucristo fue nuestro sustituto frente a la ley. Cristo cumplió la ley en nuestro lugar en dos sentidos. Primero, vivió una vida perfecta bajo la ley, cumpliendo así con todas sus exigencias, (Romanos 3:21-26). Segundo, Cristo aceptó en su cuerpo la pena que la ley requiere para los transgresores, la muerte.

 Pablo reveló eso en Gálatas 4:5,6:

 Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.

 Vemos entonces por qué Pablo dice en Romanos 3:31, Luego por la fe invalidamos la ley? De ninguna manera, sino que confirmamos la ley. La muerte de Cristo era necesaria precisamente porque la ley moral siempre está en vigor. Si la ley no valiera nada, no habría pecadores; y Cristo no hubiese venido a morir. La fe, pues, no es un sustituto para la justicia de la ley. Más bien, la fe es la única manera en que podemos recibir esa justicia.

En realidad, Pablo nos asegura que la ley misma serviría como medida de justificación si el hombre pudiera guardarla.

 Porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados. Romanos 2:13

 Punto clave: La gracia no consiste en que Dios haya cambiado las condiciones de la salvación de algo que el hombre no podía hacer, es decir guardar la ley, a algo que puede hacer, poner fe en Cristo. La fe, como ya vimos en la sección anterior, es un don de Dios, no algo que el hombre suscite por su propia voluntad. El pecador nunca ha tenido la capacidad de creer, ni tampoco alguna capacidad para guardar la ley.  

[i] Éxodo 34:28

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