Incapacidad total humana – Parte uno

por: Roger Smalling, D.Min

Extracto del libro Sí, Jesús

La humanidad perdida en el pecado tiene muchos mitos. Entre estos está el mito de la neutralidad moral del libre albedrío. El pecador se imagina en una posición neutral entre lo bueno y lo malo, con la capacidad de escoger entre ellos cuando le conviene. Presupone una capacidad para arrepentirse y venir a Dios en cualquier momento. Se ve a sí mismo en control integral con respecto a las cuestiones morales. Se piensa dueño de su propio destino. Todos los grupos religiosos apoyan de alguna manera la doctrina del libre albedrío. Difieren entre ellos en lo que significa la palabra libre. Está claro que nuestra voluntad posee limitaciones. No podemos hacer brotar alas y volar solamente por desearlo. Tampoco aumentamos nuestro Cociente Intelectual al nivel de Einstein por fuerza de voluntad. Hasta en las luchas morales nuestra voluntad es a veces un amigo y a veces un enemigo. Nuestra voluntad está limitada en algunas formas pero no en otras.

Algunos grupos creen que el libre albedrío del hombre escapó a los efectos de la caída y permanece moralmente neutral. Piensan que es la única facultad que no fue afectada por el pecado. Otros creen que la voluntad está debilitada por el pecado, pero que todavía puede contribuir a la salvación. Finalmente, algunos afirman que el pecado domina cada área del ser humano, y que el pecador es incapaz de buscar la salvación sin la obra eficaz de la gracia.

Nuestro concepto de la gracia divina dependerá en gran parte de lo que pensemos acerca de las capacidades y limitaciones de nuestra voluntad. Por esa razón es imprescindible definir cuidadosamente estas capacidades y limitaciones.

Afirmamos lo siguiente:

·        Que todos los aspectos del ser humano, antes del nuevo nacimiento, son dominados por el pecado y controlados por Satanás.

·        Que la voluntad humana, siendo ella también dominada por el pecado, jamás podría desear la salvación ni aceptar a Cristo por su propia iniciativa, sin la gracia de Dios.

·        Que el nuevo nacimiento es un acto soberano de Dios, en el cual el pecador es enteramente pasivo, y que resulta en fe. No somos nacidos de nuevo porque tuviéramos fe. Tenemos fe porque nacimos de nuevo. La voluntad humana, no es la causa del nuevo nacimiento.

La palabra libre es la fuente de mucha confusión por su ambigüedad. Libre puede significar ‘capaz’, ‘permiso’ o también ‘neutral’. Es imprescindible definir estos términos antes de entrar en cualquier discusión sobre el libre albedrío. Frente a las enseñanzas de la Biblia, ciertas definiciones son válidas y otras no.

Es bíblicamente válido afirmar libre albedrío en los siguientes sentidos:

·        El derecho para escoger lo bueno, aunque la obligación para hacer una cosa no comprueba la capacidad para hacerla.

·        El poder para decidir entre las cosas moralmente neutrales, como por ejemplo, lo que uno come en el almuerzo.

·        El poder para escoger entre ciertas acciones exteriormente buenas o malas, como el dar una caridad o no; o decidir leer la Biblia en lugar de una revista pornográfica.

·        La capacidad para cumplir con ciertas actividades o devociones religiosas; asistir a los cultos, aprender coritos, orar, etc.

Pero no es bíblico afirmar el libre albedrío en los sentidos siguientes:

Un poder inherente en el hombre para arrepentirse y aceptar a Cristo.

·        Una capacidad para contribuir por obra o pensamiento, con cualquier cosa que podría atraer la gracia de Dios.

·        Neutralidad moral.

·        La facultad que gobierna al hombre.

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