Incapacidad total humana – Parte tres

por: Roger Smalling, D.Min

Extracto del libro Sí, Jesús

¿Cómo percibe Dios las buenas obras de los no-regenerados?

Es simple. Dios no las percibe en absoluto, porque los no-regenerados nunca han realizado una buena obra.

“¡Imposible!” exclamó un médico en uno de mis cursos de teología. ¡Ahora está usted realmente exagerando, profesor! Yo conozco a muchos no-cristianos buenos quienes proveen para sus familias, dan caridades, sirven a la comunidad. ¿Está usted diciendo que aquellas obras buenas son malas”?

Aunque parezca chocante dentro de una cultura humanista moderna, basada en la justicia por las obras, la respuesta a la pregunta del doctor es un contundente si. Las buenas obras de los no-regenerados, incluso las que concuerdan con los mandamientos divinos, son contadas por él como actos pecaminosos.

Consideremos dos factores significativas:

Primero, el corazón no-regenerado está dominado por el pecado, con el yo entronado como la persona central, y su propio beneficio como el valor más alto. Hasta que esta naturaleza haya sido transformada y el yo destronado, la naturaleza entera del hombre es una fuente corrupta. Por esta razón Dios no aceptará nada de tal fuente. Lo que proceda de una fuente corrupta contendrá elementos de corrupción y motivos impuros. Jesús dice: El árbol malo da frutos malos. Mateo 7:17

No es de extrañarse de lo que dijo Isaías, …todas nuestras justicias como trapo de inmundicia[i]. Coge trapos inmundos, haz una ropa, y preséntalo a un príncipe. Mira cuan complacido está él. Así están haciendo los no-regenerados cuando imaginan que Dios se complace de sus acciones.

Las obras de uno no son aceptadas hasta que su persona es aceptada. Y esto ocurre únicamente cuando la persona es justificada por la fe en Cristo.

Segundo, los motivos de los no-regenerados son siempre impuros. ¿Cómo sabemos esto? Porque todo lo que no proviene de fe, es pecado. Romanos 14:23 Y lo que es hecho por otros motivos que no sea la gloria de Dios y sumisión a su voluntad es una forma de rebelión sutil.

Los no regenerados nunca son más corruptos que cuando están realizando caridades. La única cosa que podría ser más pecaminosa sería la realización de actos religiosos. Tales obras sirven para convencerse que son básicamente buenas personas, y que seguramente Dios está contento con ellos.

Si fueran motivados a agradar a Dios y a someterse a su voluntad, harían la primera cosa que él requiere: Arrepentirse, someterse a la autoridad de su palabray al Señorío de su Hijo.

¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?, preguntaron los apóstoles. Jesús respondió, …que creáis en el que él ha enviado. Juan 6:28-29  Este término creáis implica algo más profundo que el realizar una obra. Esto sugiere la creencia personal en Cristo que conduce a una obediencia que destrona el yo. Esto coloca a Jesús como la persona central en la vida de una persona, su voluntad como el valor más elevado.

En realidad, los no salvos hacen obras buenas y actos religiosos como substitutos para la sumisión, antes que como señales de la auto abnegación de un corazón purificado. El yo permanece entronado.

¿No era este el problema de los Fariseos? ¿No dijo Jesús que las prostitutas y los ladrones estaban más cerca del reino de Dios que ellos? ¿Era esto solamente una exageración poética?

Muchas de las obras de los Fariseos estaban de acuerdo con la ley divina. De hecho, la obediencia a la ley era el enfoque del movimiento farisaico. ¿En qué sentido eran, pues, las obras de los fariseos peores a las de la prostitución y al robo? El autoengaño de un corazón corrupto y con motivos impuros transforma cualquier obra, por buena que sea, en una obra peor que las mencionadas.

No es de extrañarse que Pablo, al hablar de la humanidad no regenerada, tanto a judíos como a gentiles, dijo: ...no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Romanos 3:10

¿Es esta alguna doctrina nueva, recién inventada? Nótese que un documento evangélico antiguo escrito en 1648, la Confesión de Westminster, dice:

Las obras hechas por hombres no regenerados, aun cuando por su esencia puedan ser cosas que Dios ordena, y de utilidad tanto para ellos como para otros, sin embargo, porque proceden de un corazón no purificado por la fe y no son hechas en la manera correcta de acuerdo con la Palabra, ni para un fin correcto, la gloria de Dios; por lo tanto son pecaminosas, y no pueden agradar a Dios ni hacer a un hombre digno de recibir la gracia de parte de Dios. Y a pesar de esto, el descuido de las obras por parte de los no regenerados es más pecaminoso y desagradable a Dios[ii].

Dios requiere que los no regenerados hagan obras buenas. Pero al hacerlas, cometen pecado. Si ellos no las hacen, estas omisiones son aún más pecaminosas. El hombre no contribuye con nada para su salvación, solo para su condenación.

Nada menos que el milagro maravilloso de la regeneración basta para cambiar esta situación.  

[i]  Isaías 64:6

[ii] Confesión de Fe de Westminster, Capítulo 16, Artículo 7

Preguntas o Comentarios Para el Dr. Smalling