Elección por Gracia – Parte uno

por: Roger Smalling, D.Min

Extracto de su libro Sí, Jesús

Un cuento:

En una ciudad lejana, vivía un hombre de raras combinaciones. Era un famoso escultor y practicaba también las artes marciales. Es preciso mencionar que tanto en la una como en la otra aptitud, era un verdadero maestro.

Lastimosamente, varios de sus amigos no lo entendían. Algunos creían que para ser escultor se necesitaba un carácter dulce y manso. El resto pensaba que un karateka debía ser un hombre duro y violento y le tenían miedo.

Invitó entonces a todos sus amigos. Quería que ellos observaran sus dos habilidades.

Antes de que los amigos llegaran a la reunión, el hombre tomó una masa de barro y la dividió en dos partes. Con el primer pedazo moldeó una hermosa escultura. Se trataba de un conjunto de personas, animales y flores en un gran bosque. Pintó la obra de arte y la fraguó en el horno. Con el otro trozo de barro, construyó un bloque sin forma y también lo coció.

Los amigos llegaron el día acordado y él decidió sacar primero la escultura.

—¡Qué sensible y dulce eres! ¡Tu obra es muy fina!— exclamaron maravillados los presentes.

Dijo el maestro, —¡Gracias por sus halagos! Pero en realidad no solamente me dedico a la escultura—. La contestación del artista dejó perplejos a muchos de sus amigos. Se dirigió a su taller y cargó, hasta el lugar donde la gente se había agrupado, el gran pedazo de barro cocido.

­—Existen otras artes que no requieren sensibilidad— dijo con voz muy profunda. Después de breves segundos, lanzó un grito y con su mano extendida rompió de un solo golpe todo el bloque solidificado.

Aquellos que asistieron, se dieron cuenta de lo que el maestro les comunicaba. Verdad que él era sensible y dulce, pero también era fuerte. Mejor ser su amigo.

Jehová es como ese artista. Algunos lo ven como un Padre amoroso que no haría daño a nadie; otros lo perciben como un Dios que establece justicia, castiga y reprende. Sin embargo, ninguno de los dos grupos piensa correctamente. El Apóstol Pablo tenía la idea correcta de Dios al decir: Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; Romanos 11:22 En el cuento arriba, el barro moldeado representa a los elegidos y el bloque sin forma a los reprobados.

Si bien la misericordia de Dios no podría manifestarse sin la existencia de pecadores, tampoco el juicio justo de Dios podría hacerlo sin la existencia de condenados. Debemos amar y temer a nuestro Dios. La misericordia y la justicia divinas son complementarias; no se contradicen.

La controversia de la elección

Si un día le llega al lector la idea de provocar una disputa viva entre cristianos, permítame ofrecerle una sugerencia: Exclame esta sola palabra, ¡predestinación!

Para algunos esta palabra es un tesoro consolador que les ayuda a entender mejor la gracia de Dios. Para otros es la peor de las calumnias en contra del carácter justo de Dios.

La controversia que existe en cuanto a la predestinación no se encuentra en una falta de evidencias bíblicas. Es inevitable que sea controversial cualquier cosa que desafía la independencia humana, su orgullo y la supremacía de su voluntad.

Muchos eruditos en teología bíblica han observado que...

Las dificultades que sentimos con respecto a la predestinación no son derivadas de la Palabra. La Palabra está llena de ella, porque está llena de Dios. Y cuando decimos Dios, hemos dicho predestinación[i].

En realidad, la predestinación es cuatro veces más fácil de comprobar que la misma deidad de Jesucristo. En el Nuevo Testamento hay más o menos 10 versículos que expresan directamente la deidad de Jesús. Pero más de 40 expresan la predestinación.

Sin embargo, los mismos cristianos dispuestos a defender hasta la muerte la Deidad de Jesucristo, lucharán con igual furia para refutar la predestinación. ¿Por qué? Como lo expresó un erudito evangélico, J.I. Packer: “...la mente carnal del hombre, incluso entre los salvos, no soporta tener que abandonar la ilusión de que ella misma es capitán de su propio destino y dueña de su propia alma”[ii].

Definición de las palabras

Predestinación quiere decir “destinado antes”. Se refiere al arreglo divino de las circunstancias de la realidad, para cumplir con sus decretos hechos antes de la fundación del mundo.

La elección se refiere al decreto divino de crear, de entre la humanidad condenada, a ciertos individuos para ser beneficiarios del don gratuito de la salvación. Dios hizo esto sin referencia a los méritos, al estado de la voluntad o la fe prevista en los elegidos. Dios no lo hizo arbitrariamente, sino en base de su gracia.

La reprobación tiene que ver con el decreto divino mediante el cual Dios deja a una parte de la humanidad pecadora, siga su camino hacía la condenación eterna, siendo así objetos de la ira divina.

 Dios no los obliga a pecar. Tampoco es el autor del pecado de ellos. Simplemente les deja continuar hacía su destino, como castigo por sus pecados.

Aunque los conceptos de predestinación y elección son semejantes, no son exactamente iguales. La elección encierra la decisión divina de salvar a algunos; en cambio la predestinación se refiere al poder de Dios para arreglar las circunstancias a fin de cumplir con sus decretos.

Supongamos que deseamos que un caballo pueda correr en círculos perfectos. Primero, escogeríamos el caballo. Esto es la elección. Luego, construiríamos un corral circular para que aprenda a correr en círculos. Esto es la predestinación. El corral representa las circunstancias de la vida en que ponemos al caballo es exactamente como Dios arregla las circunstancias de nuestras vidas para asegurar que cumplamos con su decreto hecho en la eternidad.

Importancia de la doctrina de la elección

La elección es como una luz que ilumina el significado de la palabra gracia. Sin ella, la gracia es percibida como la recompensa por alguna actividad o disposición humana y no como la causa de esta disposición.

Si la definición correcta de la palabra gracia es un favor inmerecido, entonces la gracia tiene que ser independiente de cualquier actividad humana. El momento en que aceptamos este concepto, entendemos por qué la gracia y la elección son inseparables. Es ilógico proclamar la doctrina de la salvación por gracia mientras negamos la de la elección. Pablo expresó esta unidad con estas palabras:

Así que también aún en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia. Romanos 11:5

La elección es como un reflector que ilumina la palabra gracia.

 [i] Cita de Benjamin B. Warfield en Gathered Gold, John Blanchaard, Evangelical Press 1989 pp.247.

[ii] Packer, J.I., Ensayo Introductorio a muerte de la muerte por Juan Owen Banner of Truth, pp.9

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