Los nombres nos dicen algo sobre la persona que lo lleva. Nuestro Dios tiene un nombre – Yahweh - (YO SOY EL QUE SOY).

Éxodo 3:13-16  “ Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos”

Nuestro Dios, Yahweh, es un Espíritu, infinito, eterno e inmutable en su ser, sabiduría, poder, santidad, bondad, justicia y verdad.

Nuestro Dios, Yahweh, es el único Dios, vivo y verdadero. Hay tres personas en la Divinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; y estas tres personas son un solo Dios, las mismas en sustancia, iguales en poder y gloria.

Nuestro Dios, Yahweh, creó todas las cosas de la nada, por su poderosa palabra, en el espacio de seis días y todas muy buenas. Dios creó al hombre, varón y hembra, según su propia imagen, en ciencia, justicia y santidad, con dominio sobre todas las criaturas.

La providencia de Nuestro Dios, Yahweh, para con el hombre en el estado en que este fue creado, consiste en haberle colocado en el paraíso para que lo cultivara, concediéndole libertad para comer del fruto de la tierra, poniendo las criaturas bajo su dominio e instituyendo el matrimonio para su ayuda, proporcionándole la comunión con él. Instituyó el Día de Reposo y estableció un pacto de vida con el hombre bajo condición de obediencia personal, perfecta y perpetua, del cual el árbol de la vida era una prenda y le prohibió comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, bajo pena de muerte.

Nuestros primeros padres, guiados por su libre albedrío, por la tentación de Satanás, transgredieron el mandamiento de Yahweh y comieron del fruto prohibido, cayendo así del estado de inocencia en que fueron creados.

Nuestro Dios, Yahweh, de su propia soberana voluntad, elegido desde el principio a los que han de gozar de la vida eterna, entró en un pacto de gracia para liberarlos de su estado de pecado y de miseria e introducirlos en un estado de salud por medio de un Redentor.